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EMPIEZA A TOMAR PARTIDO POR EL GRUPO EN EL PODER

El Ejército libanés, arrastrado a la crisis

Una familiar se lamenta por las muertes del oficial Ahmad Hamzeh y del compañero Mahmoud Ajouz. EFE

Una familiar se lamenta por las muertes del oficial Ahmad Hamzeh y del compañero Mahmoud Ajouz. EFE

Actualizado martes 29/01/2008 11:18 (CET)
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MÓNICA G. PRIETO

BEIRUT.- Había varios elementos en Mar Mijail, el suburbio chií de Beirut donde ayer comenzaron los graves incidentes que costaron ocho vidas y causaron más de 40 heridos, que daban una idea de la magnitud de los combates: los restos de caucho quemado, las carcasas de vehículos incendiados a pie de carretera, los destrozos del mobiliario público y los casquillos de armas cortas –y no de los fusiles de asalto que emplea el Ejército- que yacían en las calles adyacentes.

Sin embargo, lo más preocupante era observar las nuevas posiciones de las fuerzas de élite libanesas, los boinas rojas, desplegadas en pequeños grupos o protegidas por sacos terreros en el corazón de la barriada.

Porque hasta ahora, el Ejército libanés no se adentraba en las barriadas de Hizbulá y Amal, donde los grupos chiíes cuentan con su propia seguridad. Y porque, para algunos chiíes, su presencia significa que el Ejército, hasta ahora ajeno a intereses políticos y confesiones religiosas, comienza a tomar partido por la mayoría en el poder.

Los libaneses, chiíes, suníes, cristianos o drusos, tienen hoy algo en común: la inquietante sensación en forma de déjà vu de que la contienda política que hasta ahora libraban mayoría y oposición se ha transformado en bélica.

La primera batalla, librada anoche en Beirut y en otros puntos del país, se saldó con ocho muertos y con la derrota del Ejército como institución neutral. La pregunta más acuciante es quién disparó contra los manifestantes, y la mayoría de los testigos consultados responden que hubo una tercera parte ajena a la protesta. Es decir, alguien interesado en provocar una confrontación directa entre los chiíes y el Ejército libanés que termine de estallar el conflicto.

Francotiradores

Todos coinciden en que la manifestación inicial fue llevada a cabo por no más de 30 jóvenes decididos a cortar el cruce principal que comunica los distritos de Mar Mijail y Ein al Rumaneh para protestar por los cortes de luz. "Desde hace cuatro días apenas tenemos electricidad", se justifica Ahmed, empleado de una cafetería, haciendo hincapié en algo que corroboran todos los vecinos.

Ahmed participaba en la quema de neumáticos cuando el Ejército hizo acto de presencia para despejar la vía y trató de convencer a los implicados de que se fueran a casa. Pero a medida que la fogata se animaba, más y más jóvenes se unían a los protestantes.

"Todo fue muy rápido y a peor. Los líderes de Amal gritaban por megafonía a sus seguidores que volvieran a casa, ayudados por el Ejército, pero de pronto un francotirador disparó desde Ein al Rumaneh", explica Naser Daieh, propietario de una pizzería situada a pocos metros del lugar de los hechos.

Su objetivo era un responsable local de Amal de 21 años, Ahmed Hamza, que coordinadaba el contacto con los militares para calmar la situación cuando recibió el disparo en la espalda. Murió en el acto, y con el la esperanza de un desenlace pacífico. Los consultados coinciden en que el disparo fue realizado por alguien apostado en un edificio del distrito de Ein al Rumaneh, en lo que supone un triste guiño histórico.

Retrato del miembro de Hizbulá Mahmud Mansour. (Foto: AP)

Retrato del miembro de Hizbulá Mahmud Mansour. (Foto: AP)

En la memoria colectiva, esta tragedia recuerda dos episodios. El más cercano sucedió casi hace un año, el 23 de enero de 2007, cuando una protesta de Hizbulá terminó en un combate en la Universidad Arabe de Beirut que costó siete vidas. El más lejano fue hace 33 años, pero comparte el mismo escenario: fue también en Ein al Rumaneh -un barrio en el que cristianos y chiíes viven frente a frente- pero fue considerablemente más grave: 27 palestinos murieron acribillados cuando viajaban en un autobús en lo que se considera el detonante de la guerra civil que durante 15 años desangró Líbano.

Pero, ¿para quién trabajaba el francotirador? Los chiíes acusan a su principal enemigo local, las Fuerzas Libanesas de Samir Geagea, quienes durante la contienda de 1975 trabajaron junto a Israel. El incidente hizo que el Ejército se replegara momentáneamente para reorganizarse. Muchos de los manifestantes, armados con pistolas, se encaminaron hacia el edificio con la intención de combatir: lanzaron una granada que hirió a siete personas. Los soldados volvieron a desplegarse, cortando los accesos para evitar una tragedia mayor y utilizando sus armas para imponerse.

Investigación

El Ejército, cuyo comandante en jefe, el aspirante a presidente del país Michel Sleiman, se reunió hoy con el líder de Amal Nabih Berri para anunciar una investigación de forma conjunta, ha arrestado a varias personas, pero no ha dado información sobre los cargos.

Todos los testigos confirman que hubo varios francotiradores en los tejados, de diferentes bandos, implicados en el tiroteo que costó la vida a ocho personas y que puso al Ejército en la difícil conyuntura de disparar a una parte en conflicto, en lo que puede significar el final de una corta etapa en la que las fuerzas de Seguridad han actuado como un bloque.

"El Ejército no estará unido para siempre. Si las cosas empeoran, la Historia se repitirá como ocurrió en la Guerra Civil, cuando cada facción religiosa del Ejército se escindió para unirse a su grupo natural", analizaba Mohamad al Mojtar, responsable en Chiah de la sección juvenil del Partido Democrático, en la oposición.

Dos trabajadores limpian las calles donde se produjeron los principales enfrentamientos. EFE

Dos trabajadores limpian las calles donde se produjeron los principales enfrentamientos. EFE

El país está en estado de máxima alerta y en Beirut se aprecia la presencia masiva de militares, especialmente en las antiguas líneas de frente que separaban a cristianos de musulmanes, ahora tan divisorias como antes.

El país vivió hoy una jornada de luto nacional decretada por el primer ministro, Fouad Siniora, quien en un comunicado calificó la situación de la "más difícil y peligrosa que vive el país".

"Lo que hemos construido en los últimos años corre el riesgo de derrumbarse". Los políticos no tuvieron la deferencia de sumarse al luto e instrumentalizaron los hechos de lo que un periódico de la mayoría bautizó como el ‘Domingo Negro’.

Aunque los dirigentes de Amal se desvincularon de los disturbios –pese a que Mar Mijail, el distrito de Chiah donde se produjeron los tiroteos más graves, es un reducto del partido de Nabih Berri- la coalición antisiria del 14 de Marzo culpó a sus adversarios de lo ocurrido.

"Las fuerzas del eje sirio-iraní están fomentando la agitación, y eso es muy peligroso. La oposición en la única responsable de la sangre derramada". Por su parte, varios diputados de Hizbulá, aliado de Amal, se interrogaban: "¿Fueron asesinados por el Ejército? ¿Quién dio las órdenes, quién tiene la responsabilidad? ¿O fue otra parte la que disparó contra los manifestantes?".

Disparos al aire

La familia de Ahmed Hamza, que al ser la primera víctima parece haber sido adoptada como símbolo de los acontecimientos, opina que fue el Ejército. “Se aprovecharon de su situación de superioridad. El que dispara no se equivoca, sigue órdenes. Por eso queremos una investigación y que pague el responsable”, explicaba el primo de la víctima, Hasan Hamza.

En el funeral celebrado a las tres de la tarde en la husseiniya –centro religioso chií- de Rawdat al Shahidin, entre los barrios de Chiah y Ghobeire, no se escucharon voces clamando venganza sino versículos del Corán, el murmullo del arroz golpeando el féretro (una tradición local) y, lo que resulta más preocupante, muchos, demasiados disparos al aire.

A diferencia de otros países del entorno, en el Líbano no es tradición disparar en señal de duelo salvo cuando la víctima es alguien importante. Hoy se dio ese tratamiento a los ‘mártires’ chiíes del ‘Domingo negro’, escoltados por un cortejo formado por cientos de personas y el mismo número de banderas de Amal, para desagrado de los responsables del partido, que trataban de acallar unas armas que sonaban a promesas de venganza.

Los sanitarios que acompañaron la marcha llevaban cascos y chalecos blindados: no en vano uno de ellos murió la víspera cuando trataba de atender a los heridos. Un muy mal signo para muchos, como Naufal abu Wassim. "Fui soldado durante 18 años y combatí en los 70 y 80. Esto es el principio de una nueva guerra civil. Ya es imparable".

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